martes, 3 de julio de 2007

Django, un gitano con dos dedos

En la película Acordes y desacuerdos, de Woody Allen, Sean Penn interpreta a Emmet Ray, un músico golfo y canalla amargado por dos frustraciones. Una, su relación con las mujeres. Aunque liga, siente que está muy lejos de vivir a fondo la experiencia de un amor verdadero. La otra: se considera a sí mismo el segundo mejor guitarrista del mundo. La culpa es de "ese maldito gitano francés" al que considera inalcanzable. Emmet Ray es un personaje de ficción. Pero el gitano francés existió y es la figura clave del jazz europeo.
Django Reinhardt nació en Bélgica, simplemente porque allí estaba aparcada la caravana de sus padres en ese momento. La familia era nómada y vagaba por toda Europa, hasta que se establecen definitivamente en París.
A partir de los 13 años se gana la vida tocando y pasando la gorra por los bares de París. A los dieciocho se incendia su caravana y Django resulta gravemente herido: quedará cojo. Pero lo peor es que el meñique y el anular de la mano izquierda perderán su movilidad para siempre. Pero la obstinación de Django le hace desarrollar una técnica para tocar con los dos dedos restantes (el pulgar no se usa, sólo sujeta el mástil). Y lo consiguó. vaya si lo consiguió: En pocos años el Hot Club de France, el quinteto que funda con el violinista Stephane Grappelli se convierte en una leyenda.
Esta película, del año 1939, es curiosa porque muestra muy claramente la mano izquierda de Django y su manera de tocar:



Django Reinhardt murió joven, a los 43. Su compañero Grappelli siguió en activo hasta su muerte a los 89 años. A Grapelli llegué a verle tocar de manera completamente inesperada. Suelo pasar las vacaciones en el Pirineo y tengo la costumbre de pasar la frontera por unas horas para vistar las librerias de las pequeñas ciudades del otro lado. Todas tienen las colecciones casi completas de Gallimard y Folio de bolsillo. Una de mis ciudades preferidas es Bagnères de Luchon,. En una de estas escapadas vi un cartel en la calle: Grappelli iba a actuar esa noche en el parque municipal. El problema es que hace 20 años las aduanas pequeñas cerraban a las diez de la noche. Si no salias antes te tenias que esperar a las ocho de la mañana para volver a España. Pero, ¡que coño! Grappelli era mucho Grapelli. Así que dormí en el mismo parque. Lo que perdí en comodidad lo gané en el recuerdo de una noche mágica.

1 comentario:

Venusiana dijo...

A mí esa peli se me hizo aburridísima la primera y única vez que la ví. No sé si darle uan segunda oportunidad...